viernes, 8 de junio de 2012

Estaban más ciegos que el amor.

Caminaba descalza por la orilla, sin ánimo de seguir un rumbo. Él paseaba por su mente y eso a ella le volvía loca. Tantos atardeceres juntos que se habían convertido en cartas quemadas. Canciones que perdían el mensaje y hacían derramar lágrimas. Él se había olvidado de cada despertar junto a ella; y ella aún los recordaba con esperanza. El amor la consumía y se ilusionaba por una pequeña esperanza que no podía luchar. Ella, pequeña alma enamorada y destrozada; él, chico encantador rompe corazones. Típico de dos corazones destinados a estar juntos, pero que estaban ciegos, de amor.



No eres fácil de olvidar, o quizás no te quiera olvidar.

jueves, 24 de mayo de 2012

El amor era como un juego fácil de jugar.

Hasta que los separó la distancia. Ella echaba de menos sus ojos color café y él sus labios sabor a fresa. La distancia los consumía y hacía que se olvidaran de las demás personas. Mientras esperaba el día en el que llegara él, ella encendía un cigarrillo y escuchaba canciones de Nirvana, a él le encantaba. Añoraba los días de lluvia tumbados en la cama y el olor que desprendía las sábanas. Se acurrucaba apoyada a él mientras que él le cantaba 'Yesterday', porque sabría que ese día llegaría y que añoraría el ayer. Le recordaba con una sonrisa, y lloraba cada vez que recordaba la suya. La distancia les había arrebatado el amor que se tenían. El día en el que se había puesto el más bonito de sus vestidos y pintado los labios de rojo, fue a la estación de tren para recibirle. Una vez allí, esperaba ansiosa a que se abrieran las puertas del tren, y darle uno de los millones de besos que les quedaban por besar. Mientras, recordaba las noches empapadas de amor y las lunas llenas de pasión que creaban. Cuando se abrieron las puertas, en bajar el último pasajero, no vio a nadie más, sólo a una señora un poco mayor sentada al final del vagón, tapándose la cara con un pañuelo. Al preguntarle que le pasaba, la señora se quitó el pañuelo de la cara y la reconoció, la madre de él. Empezaron a caer las lágrimas de sus tristes ojos mientras escuchaba la historia, la versión que le decía que nunca más le volvería a ver; que le decía que le recordase por sus canciones y sus besos en el cuello.




"Defiendo la revolución en nuestras cabezas".



Hoy echo de menos el ayer.

jueves, 17 de mayo de 2012

Un giro de 180º.

Mientras sigamos fingiendo que nos odiamos, que nos despreciamos, y que nos hicimos daño, no llegaremos a nada. No cuesta tanto enseñarle al mundo lo mucho que nos queremos, y que nos envidien si quieren, porque para éso está el amor. Para envidiarlo, quererlo, llorarlo, recordarlo, odiarlo, despreciarlo, y echarle de menos. Nuestros recuerdos se han teñido de un color fúnebre y oscuro, que impide que veamos lo felices que éramos, cuando, siempre jóvenes y, siempre juntos, íbamos de la mano.





Te reto a imaginar que nos queremos, y que los aviones que pasan forman corazones, sólo para nosotros.

lunes, 30 de abril de 2012

La tormenta ya se ha ido.

Ha llegado algo nuevo, e inesperado. Quizás un perfume inexistente, ese que huele a amor. Un sentimiento imborrable, de esos que no se solían dejar ver. Un olor nuevo, ese olor a beso húmedo. Abrazos que me ponen la piel de gallina, que quizás me demuestren algo que no quiero ver. Besos en el cuello, esos que habían desaparecido por un largo tiempo. Historias interminables, que tienen un final. Sí, era eso: besos y una cadena de 'te quieros'.




I used to need a heroe.

sábado, 21 de abril de 2012

She was the girl with the broken smile.

Había pasado ya por tantas cosas, tantas mentiras y lágrimas, que sentía que algo le impedía seguir. Tanto daño acumulado en ese pequeño y débil corazón. Las manos frías y frágiles. Los recuerdos y las imágenes volvían a su mente cada vez que lograba olvidarlas. Era algo que nunca había pensado que ocurriría. Ella y su rubia melena se ocultaba noche tras noche en la oscuridad de su habitación, mirando las gotas de su ventana, como si alguna guardara el secreto que la sacara de aquella tormenta. Para ella habían pocas esperanzas de volver a sonreír. Él le había herido. El amor la había traicionado.



'Machacamos nuestros cuerpos prietos por un sueño de cartón'.